"La transformación de interiores en espacios vivibles adecuados a la personalidad de cada uno" es la definición de interiorismo del anticuario, decorador, interiorista y últimamente diseñador español, Lorenzo Castillo.

Si hace unas semanas hablábamos de Tomás Alía, no podíamos quedar en el tintero a Lorenzo Castillo. El otro gran decorador español y madrileño, con gran reconocimiento internacional.



Algunos lo describen como un visionario porque desde sus comienzos, creyó en la mezcla de estilos tan populares hoy en día. Una combinación que refleja "su apartamento grande" – como él lo llama. Un espacio de más de 1000 m2 en pleno centro de Madrid, por donde pasaron estrellas de Hollywood como Ava Garner o Audrey Hepburn, y que hace las funciones de su propio showroom. Sus espacios interiores de más de 100 m2 decorados por él mismo, son exclusivamente utilizados para mostrar sus maneras a sus clientes. Todos los adornos de su mansión tales como cuadros, muebles, sillas o lámparas, están en continua venta.



Al decorador le gustan las combinaciones en todos los sentidos: "Me gusta mucho mezclar gente de distinto tipo. Tuve aquí (en su palacete) a Isabel Preysler y a Quim Gutiérrez y se pasaron toda la noche juntos".



A día de hoy, Lorenzo Castillo es reconocido internacionalmente como un gran diseñador, decorador, interiorista y anticuario. Sin embargo su fama le llegó hace 10 años, cuando la casa Loewe le encargó la decoración de su tienda en la Gran Vía madrileña. A partir de entonces, su proyección ha sido y sigue siendo imparable. La cadena de hoteles Room Mate de Enrique Sarasola contó con el diseñador para la decoración de dos de sus hoteles en Nueva York. Grandes marcas de diseño de todos los ámbitos, contratan sus servicios para crear nuevas e innovadoras colecciones. Edificios y hoteles en Londres, Barcelona o Florencia ponen en sus manos la renovación de los mismos. Su último gran salto ha sido el diseño de una colección de objetos para los grandes, lujosos y conocidos almacenes neoyorkinos Bergdorf Goodman.



Aún así, el diseñador se define como un decorador e interiorista lejos del show off. Nunca desvela quiénes son sus clientes porque no quiere la etiqueta de "decorador de los ricos".

Aunque la mayoría de su clientela suele tener un poder adquisitivo medio-alto, Lorenzo también trabaja para la clase media, porque como él mismo dice "me gusta ajustarme a un presupuesto corto y por ello, no rechazo proyectos a la primera de cambio".